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Ataviados con los trajes típicos y acompañados del tradicional sonido del tamboril, la flauta y el cante en honor a la Virgen del Rocío, los romeros han recorrido, tanto en carreta, a caballo o a pie,  los algo más de 6 kilómetros que separan la Iglesia de Guardias Viejas de Almerimar. Sin duda, ha sido un camino sentido,  lleno de fe en el que no faltaron las palmas, los ‘oles' y los ¡Vivas! a la Reina de las Marismas.
La romería arrancaba a las seis de la tarde con una misa rociera en Guardias Viejas, cuya Iglesia acogía a familias enteras de peregrinos para revivir su particular ‘Rocio Chico’ en tierras ejidenses. Y lo han hecho, impregnando la costa y las playas de ese sentir tan profundo y arraigado a la Virgen del Rocío que existe en el municipio.
A su paso por las playas de Almerimar la romería dejaba una imagen cuanto menos curiosa de turistas, bañistas y visitantes entremezclándose y compartiendo esta devoción.
Pero el momento más álgido ha tenido lugar en la Iglesia Sagrada Familia de Almerimar, donde cientos de personas esperaban la llegada de las carretas. Allí la emoción se dejaba sentir en la ofrenda de flores que los peregrinos han realizado al cuadro con la imagen de la Blanca Paloma en el mismo momento en que se interpretaba la ‘Salve Rociera’.
Tras ello, llegaría el segundo de los traslados de los peregrinos que emprenderían el camino hasta la playa de Levante en el limite con el Paraje Natural de Punta Entina Sabinar dónde tuvo lugar la convivencia y un multitudinario rezo del rosario a las doce de la noche que pondría el punto y final a los actos religiosos y a la romería en sí. 

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